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María Mazzarello, el espíritu de Mornese … nosotros

La primera comunidad de Salesianas en Mornese estaba formada por religiosas expertas en el arte de educar. Las familias patriarcales del tiempo favorecían esta “práctica pedagógica” a través de la convivencia entre personas de distinta edad y mentalidad, como abuelos, padres, tíos, hermanos y hermanas. En general los hijos mayores tenían más ocasiones para ejercitar el talento educativo.

La misión educativa que caracteriza la primera comunidad imprime en las hermanas un estilo de relaciones orientado a despertar en el corazón de las jóvenes la sed de Dios y a caminar con ellas por caminos que conducen a Él.

Su manera de cuidar de las jóvenes y de las muchachas, con el estilo del Sistema Preventivo, había acabado ayudándolas a descubrir el proyecto de Dios en sus vidas y a realizarlo como condición para ser feliz y como camino de santidad en la trama de lo cotidiano.

Esto se lleva a cabo particularmente en el acompañamiento educativo, en el que las hermanas tienen especial habilidad. De hecho, son ellas las primeras que han vivido la experiencia de dejarse acompañar con docilidad en el camino del Espíritu, optando por confiarse a una guía que las sabe orientar hacia la santidad. Mediante el acompañamiento, espacio de discernimiento y momento de síntesis, revisión y proyección de la propia vida, las educadoras orientan a las jóvenes a descubrir esta misma vida como don gratuito y a profundizar la relación con Dios, centro unificador de todo su ser.

Las jóvenes acogidas en el colegio están disponibles, en general, a realizar un itinerario formativo; provienen de ambientes rurales y de familias guiadas por sanos principios humanos y fundamentadas en la fe cristiana. Ni si quiera en Mornese faltan los casos difíciles hacia los que la aplicación del Sistema Preventivo requiere un esfuerzo de creatividad y un suplemento de amor.

                   Cfr. En los surcos de la Alianza. Instituto Hijas de maría Auxiliadora Pág. 93, 102-103

Nosotros, educadores y familias, podemos y debemos despertar en nuestros niños, adolescentes y jóvenes el deseo de crecimiento, de superación, de participación…

Necesitamos, como nos invita el pacto educativo global promovido por el Papa Francisco, el coraje de poner a la persona en el centro, invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad y formar personas dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad

Y esto podemos hacerlo desde la colaboración, la convergencia y el velar por este proyecto común: la educación de nuestros alumnos y alumnas.

Acompañar es ponerse al lado, escuchar, compartir, ser referentes y quererlos como son. Acompañar es hacerles propuestas y ofrecerles experiencias que toquen su corazón y transformen su vida. Acompañar es saber conjugar la exigencia y la dulzura porque ambas cosas son cualidades del amor.

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